El Cóndor Regresa: El programa de reintroducción que devuelve al rey de los Andes a Venezuela
Después de décadas de ausencia, el cóndor andino vuelve a surcar los cielos de los páramos venezolanos gracias a un programa binacional. Colombia y Venezuela unen esfuerzos científicos para restaurar una especie que fue declarada extinta localmente en los años noventa.
En los páramos de Mérida, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, algo extraordinario ocurrió en agosto de 2026: un cóndor andino adulto extendió sus alas de casi tres metros y planeó sobre los picos nevados por primera vez en más de treinta años. No era un visitante accidental. Era Simón, el primer ejemplar reintroducido en Venezuela como parte del programa binacional Cóndor Andino Libre, impulsado por Colombia y Venezuela con apoyo del Fondo Mundial para la Naturaleza.
El cóndor andino (Vultur gryphus) fue declarado localmente extinto en Venezuela a finales de los años noventa, víctima de la caza furtiva, el envenenamiento de carroña con pesticidas y la destrucción de su hábitat. Durante décadas, los avistamientos en el país fueron anecdóticos y no confirmados. Mientras tanto, en Colombia, los programas de cría en cautiverio del Zoológico de Cali y el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre de Bogotá lograron estabilizar una población cautiva de más de 80 individuos.
El programa de reintroducción comenzó formalmente en 2024, cuando ambos gobiernos firmaron un acuerdo de cooperación ambiental que incluía el traslado de ejemplares criados en cautiverio colombiano hacia zonas protegidas venezolanas. El proceso es meticuloso: los cóndores pasan por un período de aclimatación en jaulas de vuelo en los Andes venezolanos antes de ser liberados, y son monitoreados con transmisores satelitales durante al menos tres años.
Simón fue liberado en julio de 2026 junto a otras dos hembras, Libertad y Cumbre. Los datos de telemetría muestran que los tres ejemplares han explorado un territorio de más de 800 kilómetros cuadrados en los estados Mérida y Barinas, alimentándose de carroña natural y evitando zonas de actividad humana intensa. Los científicos consideran el comportamiento como señal de una adaptación exitosa.
El reto más grande no es biológico sino social. Los ganaderos de la región históricamente culparon al cóndor —erróneamente— de atacar ganado vivo, lo que motivó su persecución. El programa incluye talleres de educación ambiental en más de 40 comunidades rurales, donde se explica que el cóndor es un carroñero estricto que nunca ataca animales vivos y que, al contrario, cumple un papel sanitario fundamental en el ecosistema.
Para 2030, el programa planea liberar un total de 20 individuos en Venezuela, suficientes para establecer una población viable que pueda reproducirse de forma autónoma. Los científicos estiman que se necesitan al menos 50 años de protección continua para que la especie se consolide en el país.
El retorno del cóndor a Venezuela es también un símbolo de esperanza en un país que ha enfrentado décadas de crisis ambiental e institucional. "Cuando el cóndor vuela, los Andes respiran", dice la bióloga venezolana Carmen Rondón, coordinadora del programa en Mérida. Para las comunidades indígenas de la región, el regreso del ave sagrada tiene un significado que va mucho más allá de la ciencia.
Fuente original: Curionex AI ↗
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