En el corazón de la Patagonia argentina, un fenómeno que desafía las proyecciones más pesimistas sobre el cambio climático está captando la atención de hidrólogos de todo el mundo. Los principales lagos de la región —Nahuel Huapi, Argentino y Viedma— han alcanzado en septiembre de 2026 sus niveles más altos en cuatro décadas, según mediciones del Instituto Nacional del Agua (INA) y el CONICET. La noticia sorprende en un contexto global donde la escasez hídrica domina los titulares.

El Lago Nahuel Huapi, joya del parque nacional homónimo, registró una cota de 765,12 metros sobre el nivel del mar el 5 de septiembre, superando en 1,8 metros el promedio histórico de septiembre y alcanzando un valor no visto desde el verano austral de 1985-1986. El Lago Argentino, cabecera del Sistema Hídrico de los Glaciares, exhibe un comportamiento similar, con desembocaduras de arroyos laterales que no habían tenido caudal continuo en 20 años.

"Lo que estamos viendo no es un milagro; es la resiliencia de un sistema glaciar que todavía tiene capacidad de recuperación", explica la doctora Carolina Villalba, glacióloga del CONICET y directora del Programa de Monitoreo de Masas de Hielo Sudamericanas. Su equipo ha documentado que el Glaciar Perito Moreno, uno de los pocos del mundo en equilibrio de masa, experimentó entre 2023 y 2026 un engrosamiento de su frente de hasta 12 metros en zonas específicas, un fenómeno atribuido a un ciclo de precipitaciones nevadas excepcional en la Cordillera de los Andes.

Los datos del Servicio Meteorológico Nacional respaldan la hipótesis. La estación meteorológica de Bariloche registró entre abril y agosto de 2026 un acumulado de precipitaciones de 1.847 milímetros, un 34 % por encima del promedio histórico para el período. La nieve acumulada en la cuenca superior del Nahuel Huapi alcanzó en julio un equivalente hídrico de 2.300 milímetros, el valor más alto desde que comenzaron las mediciones satelitales sistemáticas en 1998.

El fenómeno, sin embargo, no es uniformemente celebrado. En la ciudad de Bariloche, el aumento del nivel del lago ha provocado inundaciones en 47 propiedades ribereñas construidas en zonas que, durante décadas de sequía, habían sido consideradas seguras. El municipio ha declarado la emergencia hidráulica y solicita al gobierno provincial fondos para obras de contención que estima en 8 millones de dólares.

Para la comunidad científica, el caso argentino ofrece una lección valiosa sobre la variabilidad climática regional. Mientras modelos globales proyectan tendencias de aridización para gran parte de Sudamérica, la Patagonia sur podría estar experimentando una fase de rehumidización vinculada a oscilaciones de largo plazo en la circulación oceánica del Pacífico Sur. El Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) ha iniciado un proyecto de modelado regional para entender estos mecanismos.

El impacto ecológico ya es visible. Los biólogos del Parque Nacional Nahuel Huapi reportan un aumento del 22 % en la población de huillín (Lontra provocax), una nutria endémica de aguas frías cuyo hábitat se había reducido drásticamente por la bajante de los últimos 15 años. Los bosques de arrayanes, que dependen de raíces sumergidas, muestran una recuperación fenológica evidente en la coloración otoñal.

"No podemos cantar victoria todavía", advierte Villalba. "Pero este repunte demuestra que los ecosistemas patagónicos aún tienen margen de recuperación si logramos estabilizar las emisiones globales." La frase resume el mensaje que científicos argentinos llevarán a la próxima Conferencia de las Partes del Clima en Ginebra: en América Latina, la naturaleza aún pelea, y a veces gana.