En los sótanos del Museo de Etnología de Viena, entre miles de objetos catalogados como "procedencia desconocida, posiblemente mesoamericana", un investigador mexicano encontró en 2025 algo que nadie esperaba: doce fragmentos de papel amate cubiertos de glifos mayas en tinta negra y roja, perfectamente conservados bajo capas de polvo y tiempo. Tras meses de análisis, el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) confirmó lo impensable: los fragmentos son auténticos y corresponden al período Clásico Tardío maya, entre los años 600 y 900 d.C.

El descubrimiento fue accidental. La arqueóloga Sofía Mendoza, del INAH, revisaba el inventario del museo vienés en el marco de un proyecto de repatriación de piezas arqueológicas cuando notó que varios objetos catalogados vagamente como "documentos decorativos" presentaban características inusuales. La iconografía, el tipo de papel y los pigmentos la alertaron de inmediato.

Los análisis de carbono 14 realizados en laboratorios de la UNAM y de la Universidad de Oxford confirmaron que el papel amate data de entre el año 650 y el 820 d.C. El estudio epigráfico preliminar, realizado por el equipo del lingüista David Stuart de la Universidad de Texas, identificó glifos asociados con el sitio de Palenque, en el actual estado de Chiapas, incluyendo el emblema glifo característico de esa ciudad y referencias a personajes de la dinastía de los Baakal.

Si la atribución se confirma, el hallazgo sería de una importancia extraordinaria. Actualmente solo existen cuatro códices mayas reconocidos como auténticos en el mundo —el Dresde, el Madrid, el París y el Grolier—, todos del período Posclásico. Un códice del Clásico Tardío sería el primero de su tipo y podría contener información sobre el sistema calendárico, los rituales de la élite y la cosmovisión maya en su período de mayor esplendor.

Los fragmentos muestran lo que parece ser una secuencia ritual relacionada con el ciclo de Venus, con figuras de deidades y anotaciones numéricas que los epigrafistas están descifrando. Algunos glifos parecen referirse a ceremonias de entronización, lo que podría arrojar luz sobre los rituales de poder de los gobernantes de Palenque, entre ellos el famoso Pakal el Grande.

La pregunta de cómo llegaron los fragmentos a Viena permanece sin respuesta clara. Los registros del museo los ubican en la colección desde al menos 1920, posiblemente adquiridos por un coleccionista privado europeo durante el período de saqueo arqueológico masivo de principios del siglo XX. México ya inició formalmente el proceso de reclamación de repatriación ante las autoridades austriacas.

El caso reabre el debate sobre los miles de piezas arqueológicas latinoamericanas que permanecen en colecciones europeas, muchas sin catalogar adecuadamente. Para los investigadores mayas, el Manuscrito de Palenque —como ya lo llaman informalmente— es tanto un tesoro científico como un recordatorio de las deudas históricas pendientes entre Europa y América.