El Oro Azul del Pacífico: Ecuador y Colombia Crean el Primer Corredor de Turismo Científico Submarino de América
Los dos países unen 800 kilómetros de reservas marinas en un circuito de ecoturismo de elite que atrae a científicos y turistas de alto poder adquisitivo. Se esperan ingresos por 340 millones de dólares anuales y la creación de 12.000 empleos sostenibles.
En una apuesta audaz por transformar la conservación marina en motor económico, Ecuador y Colombia han anunciado la creación del Corredor Científico Submarino del Pacífico Oriental, la primera ruta de turismo de élite dedicada exclusivamente a la exploración de ecosistemas marinos profundos. La iniciativa, presentada en Guayaquil el 9 de septiembre de 2026, conecta 800 kilómetros de reservas marinas entre el Parque Nacional Machalilla y el Santuario de Flora y Fauna Malpelo.
El proyecto, financiado con un crédito verde del Banco Interamericano de Desarrollo por 190 millones de dólares, contempla la operación de 12 embarcaciones de investigación turística de última generación, equipadas con submarinos tripulados de fibra de carbono, laboratorios de biología molecular y estaciones de monitoreo acústico. Cada expedición, con capacidad para 18 pasajeros, durará entre 10 y 14 días y costará entre 15.000 y 35.000 dólares por persona.
"No es turismo de masas; es turismo que devuelve más de lo que toma", aseguró el ministro de Turismo de Ecuador, Niels Olsen, durante la presentación. Los participantes, seleccionados por listas de espera que ya superan los 2.400 solicitantes de 47 países, no solo observan: colaboran activamente en protocolos de investigación liderados por biólogos marinos del Charles Darwin Foundation y el Instituto de Investigaciones Marinas de Colombia.
El corredor aprovecha una singularidad geográfica: la convergencia del Pacífico Oriental, donde corrientes frías de alta productividad chocan con aguas tropicales, creando una biodiversidad sin paralelo. Los submarinos descenderán hasta 450 metros de profundidad, a zonas donde habitan tiburones linterna, medusas gigantes de la especie Stygiomedusa gigantea —avistada solo 114 veces en la historia— y arrecifes de coral negro con edades estimadas de 4.000 años.
Los análisis de impacto económico, realizados por la consultora McKinsey & Company, proyectan ingresos anuales de 340 millones de dólares para la región y la creación de 12.000 empleos directos e indirectos, el 70 % de ellos en comunidades costeras deprimidas como Manta, Esmeraldas y Buenaventura. El modelo incluye un fondo de regalías del 8 % sobre cada expedición, destinado a programas de restauración de manglares y vigilancia contra pesca ilegal.
No todos los sectores reciben la noticia con entusiasmo. Organizaciones ambientalistas de ambos países advierten sobre el riesgo de perturbación acústica sobre cetáceos y la presión que el turismo de élite podría ejercer sobre ecosistemas frágiles. La Fundación Jocotoco ha exigido la instalación de sensores de ruido submarino en toda la ruta y la prohibición de inmersiones en zonas de reproducción de tiburones martillo.
El corredor incluye, además, un componente educativo sin precedentes: cada embarcación llevará a bordo a dos becarios de comunidades locales, seleccionados por mérito académico, que recibirán formación en oceanografía aplicada durante la travesía. Los primeros 24 becarios, provenientes de pueblos pesqueros de Manabí y Nariño, zarparán en noviembre de 2026.
"Esto es lo que el turismo del siglo XXI debería ser: un intercambio justo entre el conocimiento del visitante y la sabiduría del lugar", resume la oceanógrafa colombiana Sandra Bessudo, directora de la Fundación Malpelo y mentora del proyecto. El Corredor Científico Submarino no solo abre una ventana a los abismos del Pacífico; abre un camino hacia un modelo de desarrollo donde la riqueza natural de América Latina se valora por lo que es: un patrimonio irremplazable.
Fuente original: Curionex AI ↗
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