Murales que Respiran: El movimiento de arte urbano regenerativo que transforma fachadas en jardines verticales
Artistas de Bogotá, Lima y Ciudad de México fusionan pintura mural con plantas vivas para crear obras que purifican el aire y reducen el calor urbano. El movimiento, llamado BioMural, ya cuenta con más de 300 intervenciones en 12 ciudades latinoamericanas.
En la carrera 7 de Bogotá, frente al Parque de la Independencia, una fachada de cinco pisos que antes era un muro gris y descascarado ahora es un tapiz vivo: helechos, bromelias y plantas trepadoras nativas crecen sobre una estructura metálica ligera mientras, entre ellas, un mural de colores vibrantes representa la fauna del Amazonas. No es solo arte. Es un ecosistema urbano que, según mediciones de la Universidad de los Andes, reduce la temperatura superficial del edificio en 8 grados centígrados y captura el equivalente a 2 toneladas de CO₂ al año.
Esta es la obra insignia del movimiento BioMural, una corriente artística que nació en 2023 en Bogotá de la mano de la artista y bióloga Camila Restrepo y que hoy se extiende por 12 ciudades de América Latina. La premisa es tan sencilla como ambiciosa: el arte urbano no tiene por qué ser solo visual. Puede ser también funcional, ecológico y regenerativo.
El proceso de creación de un BioMural es complejo. Primero, un equipo de biólogos analiza la orientación del muro, la cantidad de luz solar, la humedad del ambiente y las especies de plantas nativas que pueden sobrevivir en esas condiciones. Luego, los artistas diseñan la composición visual integrando los espacios donde crecerán las plantas como parte del diseño, no como añadido posterior. Finalmente, se instala una estructura de soporte con sistema de riego por goteo solar y se siembran las plantas, que tardan entre seis y doce meses en alcanzar su forma definitiva.
El resultado es una obra que cambia con las estaciones, que crece y evoluciona, y que requiere mantenimiento comunitario. Este último aspecto es clave para el movimiento: cada BioMural tiene un comité de guardianes formado por vecinos del barrio que se encargan del riego, la poda y el monitoreo de las plantas. La obra se convierte así en un punto de encuentro comunitario y en una herramienta de educación ambiental.
En Lima, el colectivo Raíces Urbanas ha instalado 45 BioMurales en los distritos de Miraflores, Barranco y San Isidro, con especial énfasis en plantas medicinales andinas que los vecinos pueden usar. En Ciudad de México, el programa Muros Vivos de la Secretaría de Cultura ha financiado 60 intervenciones en colonias populares, priorizando barrios con altos índices de contaminación atmosférica.
Los datos científicos respaldan el impacto. Un estudio publicado en 2026 por investigadores de la UNAM y la Universidad Javeriana analizó 80 BioMurales en tres ciudades y encontró que, en promedio, cada instalación reduce la temperatura local en un radio de 50 metros en 3,5 grados, disminuye los niveles de partículas PM2.5 en un 18% y aumenta la biodiversidad de insectos polinizadores en la zona en un 40%.
El movimiento BioMural demuestra que la crisis climática y la crisis cultural urbana pueden enfrentarse con una misma respuesta: arte que no solo embellece, sino que sana. "La ciudad no tiene que ser de cemento y asfalto", dice Restrepo. "Puede ser un jardín que también cuenta historias."
Fuente original: Curionex AI ↗
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