Chile tiene un problema de sueño. Según la última Encuesta Nacional de Salud, el 43% de los chilenos duerme menos de seis horas por noche y el 61% reporta despertarse sin sentirse descansado. Las causas son múltiples, pero los neurocientíficos del Centro de Medicina del Sueño de la Universidad de Chile apuntan a un culpable principal: las pantallas. No solo por la luz azul que emiten, sino por el tipo de contenido que consumimos en ellas y el estado de alerta cognitiva que generan.

El equipo liderado por la doctora Andrea Valenzuela publicó en 2026 un estudio que siguió durante seis meses a 1.200 adultos en Santiago. Los resultados son contundentes: las personas que usaban dispositivos digitales después de las 9 PM tardaban en promedio 47 minutos más en conciliar el sueño, tenían un 35% menos de sueño de ondas lentas —la fase más reparadora— y presentaban niveles de cortisol matutino un 28% más altos que quienes se desconectaban antes de esa hora.

El mecanismo no es solo la luz azul, que suprime la melatonina. El problema más profundo es la activación cognitiva y emocional: revisar redes sociales, responder mensajes de trabajo o consumir noticias mantiene el sistema nervioso en estado de alerta, impidiendo la transición natural hacia el sueño. El cerebro no distingue entre una amenaza real y un correo electrónico urgente.

Frente a este diagnóstico, el Ministerio de Salud de Chile lanzó en 2025 el programa Noche Propia, una intervención de ocho semanas que combina educación sobre higiene del sueño, técnicas de relajación y —el elemento más novedoso— un protocolo de "desconexión gradual" que comienza dos horas antes de dormir. Los participantes reciben acompañamiento por una aplicación que, paradójicamente, los ayuda a usar menos el teléfono.

Los resultados del programa piloto, aplicado a 3.400 personas en comunas de Santiago, Valparaíso y Concepción, superaron las expectativas. El 68% de los participantes reportó una mejora significativa en la calidad del sueño al final de las ocho semanas. El tiempo promedio para conciliar el sueño se redujo de 52 a 19 minutos. Y los indicadores de salud mental —ansiedad, irritabilidad, concentración— mejoraron de forma paralela.

El programa también aborda la dimensión laboral del problema. En Chile, como en toda América Latina, la cultura del "siempre disponible" hace que muchos trabajadores respondan mensajes hasta la medianoche. Noche Propia incluye talleres para empleadores sobre los costos de productividad del sueño deficiente y promueve políticas de desconexión digital en el trabajo.

La iniciativa chilena está siendo observada con interés por los ministerios de salud de Colombia, Argentina y México, que enfrentan problemas similares. En un mundo donde la economía de la atención compite por cada minuto de vigilia, recuperar el sueño se ha convertido en un acto de resistencia y de salud pública. "Dormir bien no es un lujo", concluye la doctora Valenzuela. "Es la base de todo lo demás."