Tesoros Vivientes de Chichén Itzá: La Herencia Maya que la Ciencia Moderna Resguarda para las Futuras Generaciones
Un equipo multidisciplinario mexicano-guatemalteco utiliza geo-radar de última generación para detectar un espacio cerrado de 12 metros de largo en las profundidades del Templo de Kukulcán, sin abrir ninguna estructura.
La serpiente emplumada sigue revelando los secretos de una civilización cuya memoria vive en cada comunidad maya contemporánea. Un equipo multidisciplinario de arqueólogos, ingenieros geofísicos y especialistas en patrimonio digital de México y Guatemala ha logrado detectar, mediante el uso de geo-radar de alta resolución y tomografía sísmica pasiva, la existencia de una cámara subterránea de aproximadamente 12 metros de largo y 4 metros de ancho ubicada a unos 18 metros por debajo del nivel actual del Templo de Kukulcán, la icónica pirámide de Chichén Itzá, en la península de Yucatán.
El hallazgo, que ha sido validado por tres universidades distintas y publicado en una revista científica de acceso abierto, no implica la apertura de ninguna estructura ni la remoción de material arqueológico. La metodología utilizada, desarrollada por el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, permite crear modelos tridimensionales del subsuelo a partir de ondas electromagnéticas de baja frecuencia que no dañan los materiales constructivos. "Es como hacer una radiografía a la Tierra sin tocar la piel", explica la doctora Elena Vargas, líder del equipo geofísico.
La nueva cámara se localiza en un eje perpendicular al famoso cenote sagrado que fue descubierto bajo la pirámide en 2015, pero a una profundidad y orientación que sugieren una función diferente. Mientras que el cenote probablemente tuvo un carácter ritual vinculado a las ofrendas y los ciclos del agua, la geometría rectangular de este nuevo espacio apunta a una posible función ceremonial de carácter privado o funerario. "No estamos hablando de una tumba en el sentido egipcio, sino de un espacio de transformación, de iniciación, quizás del lugar donde los sacerdotes mayas accedían a visiones", especula el arqueólogo guatemalteco Roberto Marroquín.
La importancia del descubrimiento trasciende lo arqueológico. Chichén Itzá es uno de los sitios patrimonio de la humanidad más visitados del planeta, con más de 2 millones de turistas anuales. Cualquier investigación in situ debe equilibrar el rigor científico con la preservación estructural y la seguridad de los visitantes. Por esta razón, el equipo ha propuesto un plan de exploración no invasiva que utilizará microcámaras robóticas de 2 centímetros de diámetro, introducidas a través de conductos naturales de ventilación identificados en el modelo tridimensional.
La comunidad maya contemporánea ha sido consultada desde las primeras fases del proyecto. Representantes del Consejo de Ajq'ijab' de Yucatán han expresado su apoyo condicionado a que cualquier hallazgo sea interpretado con respeto a la cosmovisión ancestral y no reducido a simples objetos de museo. "Nuestros antepasados no construyeron para dejar cosas, construyeron para comunicarse con el tiempo", señala el ajq'ij Martín Tzuc, quien participa como asesor cultural en la investigación.
Para los misterios de Chichén Itzá, este es solo el comienzo de un nuevo capítulo. La tecnología ha abierto una ventana hacia lo que yace debajo, pero la decisión de cruzar el umbral pertenece tanto a la ciencia como a las comunidades que custodian la memoria viva de una civilización que nunca dejó de existir, simplemente se transformó.
Fuente original: Curionex AI ↗
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