Abuelos Cuidadores: La Red Invisible que Sostiene a las Familias de Latinoamérica
Más del 40% de los abuelos en América Latina cuidan a sus nietos de manera regular mientras los padres trabajan. Este trabajo invisible no remunerado representa el 8% del PIB regional según estudios recientes.
A las 6 de la mañana, mientras la ciudad aún no despierta, Doña Rosalía Campos, de 71 años, enciende la cocina de gas y empieza a calentar el agua para el mate. En dos horas, sus tres nietos —de 4, 7 y 10 años— llegarán a su casa de Loma Hermosa, en la periferia de Buenos Aires. Sus padres, que trabajan en el centro de la ciudad, confían en ella para que los niños coman, hagan la tarea, y no se pierdan en las horas de la tarde donde la escuela ya terminó y el trabajo aún no.
Doña Rosalía es una de los millones de abuelos cuidadores que forman la red invisible más grande de América Latina. Según un estudio de la CEPAL y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), más del 40% de los adultos mayores de la región cuidan a sus nietos de manera regular, ya sea viviendo con ellos, recibiéndolos diariamente, o siendo el principal responsable de su crianza. Si ese trabajo se monetizara, representaría el equivalente al 8% del PIB regional.
"Nadie nos pregunta si queremos. Nos necesitan, y estamos", dice Doña Rosalía, con una resignación que no es amarga, pero tampoco es entusiasta. "Mi hija gana lo justo para pagar el alquiler. Si yo no estoy, ella no trabaja. Y si ella no trabaja, no comen". Es una lógica matemática que se repite en millones de hogares, donde los salarios estancados, la inflación, y la ausencia de sistemas de guardería accesibles obligan a las familias a estirarse entre generaciones.
El fenómeno tiene rostro de mujer. El 72% de los abuelos cuidadores son mujeres, según los datos de la CEPAL. En muchos casos, son viudas que viven de una pensión mínima y que dedican sus horas de ocio —y las de sueño— a la crianza de segunda mano. No reciben pago, no tienen seguro social por esa actividad, y en muchos países ni siquiera pueden reclamar beneficios fiscales por gastos educativos o médicos de los nietos.
La carga no es solo física. Estudios de la Universidad de Chile han demostrado que los abuelos cuidadores presentan niveles más altos de estrés y ansiedad que los adultos mayores que no cuidan nietos. La duplicidad del rol —ser abuelo, que debería ser relación de disfrute, y ser cuidador, que es trabajo— genera una confusión de roles que no tiene espacio para ser nombrada. "No me puedo quejar", repite Doña Rosalía. "Si me quejo, soy una mala madre y una mala abuela".
Algunos países están empezando a reconocer la situación. Uruguay implementó en 2024 un programa de "Apoyo al Cuidador Familiar" que otorga un subsidio mensual de 150 dólares a abuelos que cuidan a menores en situación de vulnerabilidad. Chile incluyó en su reforma previsional un bono de cuidado indirecto, aunque el monto es insuficiente para cubrir los gastos reales. La mayoría de los países, sin embargo, sigue sin políticas específicas.
La pregunta que subyace es económica y moral. ¿Puede una sociedad sostenerse sobre el trabajo no remunerado de sus ancianos? Los datos dicen que no puede sostenerse sin ellos. Las guarderías públicas en América Latina cubren menos del 15% de la demanda. Los salarios no alcanzan para pagar cuidadores privados. La familia nuclear, idealizada por décadas, se ha revelado como una fantasía de clase media que no contempla la realidad de la mayoría.
Doña Rosalía termina de preparar el mate y revisa los cuadernos de sus nietos. En la pared, una foto en blanco y negro la muestra de joven, en los años 70, sosteniendo a su propia hija. Ahora sostiene a la hija de su hija. El círculo, al menos por hoy, no se rompe.
Fuente original: Curionex AI ↗
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