Guardianas del Páramo: Las Mujeres de los Andes que Protegen el Agua de Sudamérica
En los páramos de Ecuador y Colombia, comunidades de mujeres lideran la reforestación de frailejones. Su trabajo garantiza el suministro de agua para más de 15 millones de personas en la región andina.
A 3.800 metros de altura, donde el aire es tan fino que el viento silba, un grupo de mujeres afila sus palas y planta frailejones. No es una escena de un documental de supervivencia. Es el trabajo diario de las Guardianas del Páramo, una red de 340 mujeres que protegen los ecosistemas de alta montaña en los Andes de Ecuador y Colombia, garantizando el agua para más de 15 millones de personas en la región.
Los páramos son ecosistemas únicos, concentrados en una franja que va desde el norte de Perú hasta el oriente de Venezuela. Son la principal fuente de agua dulce de Sudamérica, y los frailejones —esas plantas de hojas peludas y flores amarillas— son su corazón. Cada frailejón adulto puede retener hasta 2 litros de agua por hora, actuando como una esponja natural que alimenta ríos y acuíferos subterráneos.
María Rosa Quilumbango, de 52 años, coordina la cuenca del Páramo de Imbabura en Ecuador. Llega a la finca a las 5:30 de la mañana, con botas de goma y un chal de lana de oveja tejido por su madre. "Aquí no hay hombres que se queden", dice con una mezcla de orgullo y resignación. "Se fueron a la ciudad o al extranjero. Las mujeres nos quedamos, y aprendimos que el páramo es nuestro futuro".
El trabajo de las guardianas no se limita a la reforestación. Monitorean la calidad del agua, denuncian minería ilegal, y presionan a los gobiernos locales para que incluyan el páramo en los planes de ordenamiento territorial. En 2024, lograron que el municipio de Tulcán, en Ecuador, declarara una zona de protección integral de 4.200 hectáreas, la primera de su tipo en la provincia.
La amenaza principal sigue siendo el cambio climático. Según el último informe del CIAT, los páramos de la cordillera central colombiana podrían perder hasta el 60% de su área en los próximos 50 años si las temperaturas continúan aumentando. Las minerías ilegales de oro y carbón, y la expansión de la frontera agrícola, aceleran ese proceso.
Las Guardianas no trabajan solas. Reciben apoyo técnico de la Fundación EcoAndina y financiamiento de cooperación internacional de Alemania y Noruega. Pero la sostenibilidad del proyecto depende de que las jóvenes de la región se sumen. María Rosa tiene un plan: "Estamos enseñando a las niñas a leer el páramo como si fuera un libro. Las flores, el musgo, los insectos. Todo nos dice algo. Si ellas aprenden, el páramo sobrevive".
La próxima vez que alguien abra un grifo en Quito, Bogotá o Cali, una parte de ese agua pasó por las manos de María Rosa y sus compañeras. Y no es una metáfora.
Fuente original: Curionex AI ↗
← Volver a la portada