La Marimba del Pacífico: Los Acordes Ancestrales de Colombia Conquistan los Escenarios de Europa del Este
La marimba de chonta, patrimonio inmaterial de la UNESCO, abandona las playas del Pacífico colombiano para resonar en teatros de Praga, Varsovia y Budapest. Una gira histórica de cinco conjuntos afrocolombianos demuestra que la tradición musical del litoral pacífico trasciende fronteras y generaciones.
Cuando las baquetas de madera de guayacán golpean las láminas de chonta afinadas, el aire parece vibrar con la memoria de siglos. En el Teatro Nacional de Praga, tres mil espectadores de pie ovacionaron este sonido la semana pasada, convertidos en testigos de una gira que nadie había predicho: cinco conjuntos de marimba del Pacífico colombiano recorriendo quince ciudades de Europa del Este con una tradición que muchos checos desconocían por completo. La marimba de chonta, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010, demostró que su resonancia no conoce límites geográficos.
Los grupos provenientes de Tumaco, Guapi, Timbiquí y Buenaventura integran la gira Resonancias del Pacífico, organizada por el Ministerio de Cultura colombiano y la Fundación Euroamericana de Artes Tradicionales. Durante seis semanas, presentarán un repertorio que va desde cantos de alabanza a los santos católicos syncréticos hasta ritmos de currulao puramente profanos, pasando por la chirimía, una forma musical de raíz africana que los esclavizados adaptaron a instrumentos europeos durante la colonia.
Lo que sorprende a los críticos europeos no es solo la virtuosidad técnica, sino la complejidad polirrítmica que los ejecutantes manejan con aparente naturalidad. La marimba de chonta no es un instrumento solista: funciona como orquesta reducida, con líneas melódicas entrelazadas que imitan la polifonía de los coros espirituales afroamericanos. El musicólogo polaco Andrzej Kowalski la describió en Res Musica como una geometría sonora que anticipa en siglos las exploraciones rítmicas de Steve Reich.
Detrás del escenario, los músicos llevan consigo una carga emocional que trasciende lo artístico. Para Víctor Triviño, marimbero de Timbiquí de sesenta y dos años, esta gira representa la primera vez que un avión lo eleva sobre el océano que vio nacer a su abuela. Yo no solo toco la marimba, hablo con ella. Cada lámina es un abuelo, cada golpe es una historia que no puede quedarse en la orilla, confiesa en imperfecto español mezclado con palabras del lenguaje local.
La juventud del Pacífico acompaña a los maestros. En cada concierto, cuatro jóvenes entre quince y veinte años toman turnos junto a sus referentes, asegurando la transmisión generacional que preocupaba a los etnomusicólogos. La marimba no está en peligro de extinción, pero sí de divorcio: muchos jóvenes prefieren versiones digitalizadas para fiestas urbanas, abandonando el ritual colectivo de fabricación y afinación que define la tradición auténtica.
La respuesta europea abre posibilidades comerciales inesperadas. Sellos discográficos independientes de Varsovia ya negocian licencias para una antología doble, mientras festivales de verano en Croacia reservan fechas para 2027. El desafío será evitar que el éxito desnaturalice una práctica que nació para acompañar velorios, celebraciones comunitarias y rituales de pesca.
La marimba del Pacífico no necesita micrófonos para hacerse escuchar, pero sí necesita que Europa la escuche para que Colombia no la olvide.
Fuente original: Curionex AI ↗
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