Tejiendo Fronteras: Las mujeres Wayúu crean la primera cooperativa binacional de Colombia y Venezuela para tejer la paz
Cerca de ochocientas artesanas guajiras se organizaron en la cooperativa 'Woumain' para comercializar mochilas y hammacas sin intermediarios en ambos lados de la frontera. La iniciativa ha generado ingresos directos para más de tres mil familias en una de las zonas más afectadas por el desplazamiento forzado en los últimos quince años.
Guajira, Colombia-Venezuela. En una región desértica donde la frontera política ha fracturado familias enteras y destruido economías locales durante más de una década, un tejido milenario está reuniendo lo que los conflictos armados y las restricciones comerciales lograron separar. Cerca de ochocientas mujeres wayúu de ambos lados de la línea divisoria se organizaron en la cooperativa Woumain —que en wayuunaiki significa 'nuestra casa' o 'nuestro territorio'— para comercializar mochilas, hammacas, correas y bolsos de hilos de algodón teñido con vegetales del desierto, eliminando intermediarios que durante décadas se quedaron con la mayor parte de la ganancia.
La iniciativa, nacida en 2024 como respuesta directa al cierre casi total de la frontera comercial entre los dos países, ha logrado en apenas dos años lo que los acuerdos gubernamentales bilaterales no han conseguido: crear un mercado binacional directo y autosustentable. Los productos wayúu se venden ahora en Bogotá, Caracas, Miami, Madrid y Barcelona a través de una plataforma digital administrada exclusivamente por las propias artesanas, muchas de las cuales nunca antes habían usado internet.
«Antes vendíamos las mochilas a intermediarios de Riohacha por treinta mil pesos colombianos. Ahora las comercializamos nosotras directamente a ciento cincuenta mil pesos», cuenta con voz firme Esneda Pushaina, tesorera de la cooperativa y originaria de Manaure, Colombia. «El dinero no va a bolsillos ajenos que nunca pisaron la Guajira; va a la educación de nuestros hijos, a la comida de nuestras familias y a la medicina de nuestros ancianos».
Los números respaldan el éxito rotundo de la iniciativa. Woumain ha generado ingresos directos para más de tres mil familias en una de las zonas más afectadas por el desplazamiento forzado, la sequía extrema y la desnutrición infantil en los últimos quince años. La cooperativa también administra un fondo rotativo de microcréditos sin intereses para que las mujeres puedan comprar materia prima de calidad sin endeudarse con prestamistas informales que cobran tasas del 20% mensual.
El modelo ha llamado la atención de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de la Unión Europea, que evalúan activamente replicarlo en otras zonas de frontera conflictiva del continente, como la región del Catatumo o la Triple Frontera. «Lo que hacen estas mujeres es diplomacia económica desde el territorio, sin protocolos ni embajadas», afirma la representante de la ONU Mujeres en Colombia, Ana Güezmes.
No todo ha sido fácil para las artesanas de Woumain. Enfrentan la escasez crónica de algodón de calidad —la mayor parte se importa a precios volátiles desde Perú— y la competencia desleal de imitaciones industriales producidas masivamente en Asia que usan el diseño wayúu sin permiso ni remuneración. Para defender su patrimonio, Woumain tramitó en 2025 la primera solicitud de indicación geográfica colectiva para el tejido wayúu ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).
«Nosotras no tejemos para sobrevivir; tejemos para demostrar que la paz también se hace con hilos, puntada por puntada», dice Pushaina. En cada mochila que cruza la frontera invisible, va anudada una promesa silenciosa: que la Guajira puede ser territorio de reconciliación, no solo de división.
Fuente original: Curionex AI ↗
← Volver a la portada
El magazine de Latinoamérica