Danza Terapia en las Cárceles: El Movimiento que Transforma Vidas en Latinoamérica
Programas de danza contemporánea en penales de Chile y Argentina reportan una reducción del 35% en reincidencia. Los participantes encuentran en el movimiento corporal una vía para expresar emociones reprimidas.
En el Penal de Valparaíso, Chile, un grupo de 18 hombres encadenados no por grilletes, sino por el ritmo de una coreografía, mueve sus cuerpos en silencio. Son parte de Cuerpos en Resistencia, un programa de danza terapia que desde 2018 ha llegado a 12 penales de Chile y Argentina, con resultados que desafían la lógica tradicional del sistema carcelario: una reducción del 35% en la reincidencia entre los participantes.
La danza terapia en contextos de encierro no es una moda. Tiene raíces en los trabajos de Marian Chace en los años 40 en Estados Unidos, pero en Latinoamérica encontró un terreno particularmente fértil. Los terapeutas argentinos Gabriela Frías y Lucas Martínez adaptaron el modelo a la realidad de los penales del Cono Sur, donde la superpoblación, la violencia y la ausencia de programas de rehabilitación efectivos dejan a los internos en un limbo emocional.
"El cuerpo en la cárcel está condicionado a la defensa, a la tensión, a la alerta permanente", explica Frías desde Buenos Aires. "La danza terapia no busca 'corregir' comportamientos. Lo que hace es dar un espacio donde el cuerpo puede dejar de estar en guerra, y empezar a comunicar otras cosas: miedo, tristeza, incluso esperanza".
Los talleres son de dos horas, dos veces por semana. No se exige técnica previa. Los participantes trabajan con improvisación, contacto —siempre respetando los límites de cada quien— y ejercicios de respiración coordinada con el movimiento. La premisa es simple: el movimiento que no puede nombrarse en palabras, se expresa en el cuerpo. Y en un contexto donde la verbalización es difícil —por barreras culturales, educativas o traumáticas— el cuerpo se convierte en el único territorio seguro.
En el penal de Marcos Paz, Argentina, los datos hablan por sí solos. Entre los 45 participantes del programa entre 2022 y 2024, solo 3 reincidieron. La tasa nacional promedio es del 48%. No se trata de un estudio controlado con placebo, pero los directores del penal lo consideran suficiente para expandir el programa a otras unidades.
La crítica no ha faltado. Voces del sistema penal tradicional argumentan que los recursos deberían destinarse a programas de capacitación laboral más "prácticos". Pero Frías responde con calma: "Un hombre que no puede sentir su propio cuerpo sin miedo, no va a sostener un empleo. La danza terapia no es un reemplazo de la capacitación. Es el piso emocional sobre el cual se puede construir algo más".
El próximo paso es ambicioso: un convenio entre los ministerios de Justicia de Chile, Argentina y Uruguay para crear una red regional de danza terapia en penales, con un programa de formación de terapeutas locales. Si el cuerpo puede sanar en una celda, quizás la sociedad puede aprender a mirar al que sale de ella con otros ojos.
Fuente original: Curionex AI ↗
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