El éxito en salud pública, dijo el doctor Jarbas Barbosa, director de la OPS, se mide casi siempre por lo que no ocurre: las epidemias que no estallan, las muertes maternas que no suceden, las enfermedades que no se propagan. Esa filosofía de prevención invisible guiò el 63.° Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud, celebrado en Washington del 28 de septiembre al 2 de octubre de 2026, donde los ministros de salud de las Américas definieron las políticas que regirán la región hasta 2035.

Chile fue elegido para presidir el Consejo, con Panamá y Antigua y Barbuda como vicepresidentes, en una elección que refleja la creciente confianza en el sistema de salud chileno como referente regional. Pero el peso de la realidad latinoamericana se sintió en cada agenda: el resurgimiento del sarampión, la resistencia antimicrobiana, la proliferación de arbovirus como el dengue y el virus Oropouche, y la persistente escasez de profesionales de salud.

Cinco batallas para la próxima década

El Consejo adoptó cinco estrategias que marcarán el rumbo regional. La primera es la gestión de riesgos y emergencias, con un nuevo marco para 2026-2031 que busca fortalecer la resiliencia de los sistemas de salud frente a pandemias y desastres naturales. La lección de COVID-19 sigue viva: la región no puede depender de cadenas de suministro globales para vacunas y medicamentos esenciales.

La segunda batalla es la resistencia a los antimicrobianos, quizás la crisis silenciosa más grave de la medicina moderna. La OPS aprobó un plan de acción para 2027-2031 bajo el enfoque de "Una Salud", reconociendo que el uso indiscriminado de antibióticos en humanos, ganado y agricultura está creando superbacterias que podrían revertir décadas de avances médicos.

La tercera línea de trabajo aborda las enfermedades arbovirales. La estrategia 2026-2035 busca controlar vectores como el mosquito Aedes aegypti mediante métodos integrados que combinen vigilancia epidemiológica, control ambiental y participación comunitaria. El virus Oropouche, relativamente desconocido hace una década, ya ha causado brotes en múltiples países amazónicos.

La modernización que no se ve

Una de las decisiones más prácticas del Consejo fue la propuesta de armonizar los Fondos Rotatorios Regionales, los mecanismos de compra consolidada de vacunas y medicamentos. Actualmente fragmentados, estos fondos podrían fusionarse en un único mecanismo autosostenible que aproveche el poder de negociación colectivo de 35 países. Para las naciones más pequeñas de Centroamérica y el Caribe, esto podría significar acceso a precios que hoy solo obtienen las economías grandes.

El Consejo también aprobó un plan de inocuidad alimentaria para 2026-2031, reconociendo que las enfermedades transmitidas por alimentos siguen siendo una de las principales causas de morbilidad en la región. Paralelamente, Venezuela recibió el Premio OPS a la Gestión y al Liderazgo en los Servicios de Salud 2026, reconociendo el trabajo de la viceministra Noly Fernández en atención médica indígena e intercultural.

Datos clave verificados

Según comunicados oficiales de la OPS y reportes de los ministerios de salud de Uruguay y Venezuela, el 63.° Consejo Directivo adoptó estrategias vinculantes para el periodo 2026-2035. Chile asumió la presidencia rotativa del organismo. La estrategia de resistencia antimicrobiana opera bajo el enfoque "Una Salud", que integra salud humana, animal y ambiental.

¿Por qué importa para el lector latinoamericano?

Estas decisiones no quedan en salas de conferencias. La armonización de los Fondos Rotatorios podría abaratar las vacunas de la influenza o el VPH en Guatemala o Honduras. El plan contra arbovirus determinará si su ciudad tiene fumigación preventiva o espera a que el dengue explote. La resistencia antimicrobiana ya afecta a pacientes en hospitales de Buenos Aires, São Paulo y Ciudad de México, donde infecciones antes simples ahora requieren antibióticos de última línea.

Análisis Curionex

El mérito del 63.° Consejo Directivo no está en los documentos aprobados, sino en la honestidad de sus diagnósticos. El doctor Barbosa fue explícito: el éxito de la OPS depende de la solvencia fiscal de sus Estados miembros. En otras palabras, las estrategias más brillantes fracasan si los países no pagan sus contribuciones. América Latina tiene una tradición de firmar compromisos multilaterales y luego incumplirlos presupuestariamente. La resistencia antimicrobiana, el dengue y la escasez de personal de salud no se resuelven con planes de papel; requieren dinero real, contratos de personal sostenidos y compras regionales coordinadas. La presidencia de Chile podría ser un catalizador, pero solo si el país trasciende la diplomacia ceremonial y convierte la OPS en una herramienta de presión política por recursos concretos. El "silencio" que celebró Barbosa solo se escucha cuando alguien paga por mantenerlo.

La salud pública es, en última instancia, un contrato social. El 63.° Consejo Directivo lo renovó por diez años. Ahora le toca a cada país cumplirlo.