Hanga Roa, Chile. El misterio de los moáis acaba de adquirir una nueva dimensión, esta vez bajo las aguas oscuras del Pacífico sur. Geólogos de la Universidad de Chile, utilizando un sonar de barrido lateral de alta resolución montado en un vehículo submarino no tripulado, detectaron una estructura cilíndrica de basalto de doce metros de altura y cuatro metros de diámetro, enterrada parcialmente en el lecho marino a tres kilómetros de la costa norte de Rapa Nui, frente a la playa de Anakena.

La formación, bautizada informalmente por el equipo como Moái del Abismo, se encuentra a treinta y cinco metros de profundidad en una zona de antigua erosión costera que los geólogos datan en al menos diez mil años. Lo más extraordinario es su alineación precisa: el eje principal de la estructura apunta exactamente al punto donde el sol se oculta durante el solsticio de invierno austral, el mismo patrón astronómico que rige la orientación de los ahu ceremoniales de la isla construidos entre los siglos XII y XVII.

«No podemos afirmar que sea artificial con un 100% de certeza, pero las probabilidades de que sea una formación natural con estas características geométricas regulares y esta alineación astronómica exacta son menores al 3%», señala con cautela el geólogo marino Rodrigo Bustamante, director de la expedición que exploró la zona durante tres semanas en julio de 2026. El equipo recolectó núcleos de basalto que serán analizados en el Laboratorio de Geología de la Universidad de Chile para determinar si la talla de la roca es homogénea —indicio claro de intervención humana— o irregular, como ocurre en formaciones volcánicas submarinas naturales.

La hipótesis que más entusiasma a los investigadores —y que más polémica genera entre los escépticos— es que los rapa nui tuvieran conocimientos de navegación costera y astronomía marítima mucho más avanzados de lo que la arqueología tradicional ha aceptado. «Si la estructura resulta ser un hito ceremonial submarino, tendríamos que reescribir la historia de la navegación polinésica en aguas frías», afirma la antropóloga Marcia Castro, quien ha estudiado los ahu de la isla durante dos décadas.

La noticia ha generado un intenso debate en la comunidad científica internacional. Arqueólogos estadounidenses de la Universidad de California sugieren que podría tratarse de un pilar de baliza para la pesca ceremonial de atunes, mientras que investigadores franceses del CNRS proponen una función de observatorio de mareas para predecir temporales. La administración del Parque Nacional Rapa Nui, en tanto, ha restringido la zona a embarcaciones no autorizadas para evitar saqueos o daños por anclas.

La próxima expedición, programada para noviembre de 2026 e internacionalmente financiada, incluirá un robot submarino con cámaras 8K para mapear cada centímetro de la superficie del monolito. Hasta entonces, la Sombra Bajo el Moái seguirá alimentando uno de los enigmas más persistentes y fascinantes del Pacífico sur, donde la línea entre leyenda y geología aún no ha sido trazada con claridad.