El desierto de Nazca, esa extensión de piedras oscuras sobre arena clara que ha fascinado a la humanidad desde que un aviador la sobrevoló en 1939, acaba de duplicar su repertorio de enigmas. Un equipo internacional liderado por la Universidad de Yamagata de Japón y la Pontificia Universidad Católica del Perú anunció este martes el descubrimiento de ciento cuarenta y tres nuevos geoglifos, gracias a un sistema de inteligencia artificial entrenado para detectar patrones geométricos en imágenes de alta resolución captadas por drones y satélites comerciales.

La revolución metodológica es sorprendente. Durante décadas, los arqueólogos identificaron geoglifos mediante inspección visual directa, un proceso lento y propenso a errores humanos. El nuevo algoritmo, denominado NazcaNet, procesa veinte mil kilómetros cuadrados de pampa en cuestión de horas, detectando líneas de menos de treinta centímetros de ancho que el ojo humano apenas distingue a contraluz. El sistema aprendió de tres mil geoglifos ya catalogados, refinando su capacidad para diferenciar trazos antiguos de marcas naturales de erosión.

Entre las figuras recién descubiertas, los investigadores identificaron camélidos de cuello largo que podrían representar guanacos, felinos estilizados con colas espirales, y formas abstractas compuestas por círculos concéntricos conectados por rectángulos. Lo más intrigante es que varios geoglifos se superponen parcialmente, sugiriendo que fueron trazados en diferentes épocas, posiblemente por culturas distintas que compartieron el mismo territorio sagrado durante milenios.

La Dra. Masato Sakai, directora del proyecto, explica que la cronología relativa de estas superposiciones podría reescribir la secuencia cultural del sur peruano. Los geoglifos más antiguos pertenecerían a la cultura Paracas, predecesora de Nazca, mientras que los trazos superpuestos corresponderían a fases tardías de la cultura Nazca o incluso a grupos Wari, mil años después. Esto contradice la idea de que Nazca fue un fenómeno cultural aislado y breve.

Los símbolos abstractos despierten especial curiosidad. Algunos arqueólogos peruanos especulan que podrían representar mapas estelares o calendarios agrícolas, aunque la Dra. Johny Isla, máxima autoridad peruana en el tema, advierte contra interpretaciones apresuradas. Lo que parece una constelación para nosotros pudo haber sido un camino ritual o una demarcación territorial para ellos, señala en comunicación telefónica desde Lima.

La conservación de estos nuevos hallazgos representa un desafío inmediato. El trazado de una carretera interoceánica proyectada entre Perú y Brasil amenaza con destruir zonas aún no inspeccionadas. Activistas y científicos presionan al Ministerio de Cultura peruano para ampliar el área protegida, actualmente insuficiente para cubrir el nuevo mapa de geoglifos.

La inteligencia artificial no resuelve el misterio de Nazca, pero sí nos devuelve la humildad de reconocer que apenas comenzamos a entender lo que nuestros ancestros dejaron dibujado en el desierto.