La Desaceleración que No Cede: América Latina Crece a la Mitad que Asia en 2026 y la IA Podría Empeorarlo
S&P Global recortó las proyecciones de crecimiento regional al 1,8% mientras un estudio del BID advierte que la IA podría reducir salarios hasta un 20,9%. Argentina y Chile lideran los ajustes negativos; Paraguay, con un 5,7%, emerge como la excepción sorprendente del año.
América Latina entró a 2026 con la esperanza de una recuperación postpandémica consolidada. Sale del tercer trimestre con una pregunta incómoda: ¿por qué la región crece a la mitad que el resto del mundo emergente? Según S&P Global Ratings, el Producto Interno Bruto de la región se desacelerará del 2,3% en 2025 al 1,8% en 2026, una cifra que no solo es baja sino que esconde desigualdades profundas. Chile y Argentina registran los mayores recortes de proyección. Perú, impulsado por la inversión minera, eleva su estimación al 3,2%. Y Paraguay, con un crecimiento del 5,7% en el primer semestre, se convierte en la sorpresa del año.
La explicación habitual —la volatilidad de los commodities— no alcanza. Este año, una variable nueva complica el panorama: la inteligencia artificial. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula que la IA podría impulsar el crecimiento regional en un 5,1% durante la próxima década, pero con una condición drástica: si los trabajadores no logran adaptarse, los salarios podrían caer hasta un 20,9%. La tecnología que promete acelerar la economía también podría profundizar la desigualdad que ya la caracteriza.
Los casos extremos: Argentina y Chile
Argentina atraviesa una recesión que no cede. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reportó contracciones interanuales en la industria manufacturera del 4,9% en julio, mientras más del 50% de las empresas identifican la demanda insuficiente como su principal limitante. El consumo masivo acumula meses de retroceso y el riesgo país se mantiene en niveles que dificultan el acceso a financiamiento externo. La desaceleración argentina no es coyuntural; es estructural, producto de décadas de inestabilidad macroeconómica que ningún programa de ajuste ha logrado revertir.
Chile, históricamente la economía más estable del Cono Sur, también sufrió recortes significativos en sus proyecciones. La minería del cobre, su principal motor exportador, enfrenta precios volátiles y una transición energética global que, a largo plazo, podría reducir la demanda de su producto estrella. La incertidumbre política interna y la fatiga del modelo de pensiones han añadido capas de complejidad a un crecimiento que ya no se da por sentado.
La paradoja paraguaya
En medio del panorama gris, Paraguay emerge como una excepción que merece atención. Con un crecimiento del 5,7% en el primer semestre, la economía paraguaya ha beneficiado de una combinación de factores que otros países de la región no logran replicar: estabilidad macroeconómica sostenida, inversión en infraestructura logística —especialmente los corredores de exportación hacia el Atlántico—, y un sector agroindustrial altamente productivo. Paraguay no tiene petróleo ni minerales estratégicos masivos; su ventaja es haber mantenido una política económica predecible durante años, lo que genera confianza para la inversión privada.
La lección paraguaya es incómoda para sus vecinos: el crecimiento no requiere recetas mágicas, sino consistencia institucional. Brasil, con proyecciones estancadas cerca del 2%, y México, ajustado al 1,3%, podrían aprender de un país que no suele aparecer en los titulares económicos pero que, en 2026, superó a todos.
Datos clave verificados
Según Bloomberg Línea y Estrategia, S&P Global ajustó las proyecciones de crecimiento regional para 2026 al 1,8%. El BID calculó un potencial de crecimiento adicional del 5,1% por IA, pero con riesgo de caída salarial del 20,9% sin adaptación laboral. Argentina reportó una contracción industrial del 4,9% interanual en julio según INDEC. Paraguay creció un 5,7% en el primer semestre según datos de la entidad de gobierno.
¿Por qué importa para Latinoamérica?
La desaceleración de 2026 no es un evento aislado; es la manifestación de vulnerabilidades estructurales que la región ha postergado durante décadas: dependencia del extractivismo, baja productividad laboral, sistemas educativos desconectados de las necesidades del mercado, y una informalidad que absorbe al 55% de la fuerza laboral. La IA no resolverá estos problemas sola; de hecho, podría agravarlos si se implementa sin políticas de reconversión laboral y protección social. El crecimiento paraguayo ofrece una pista: la previsibilidad institional importa tanto o más que la innovación tecnológica.
Análisis Curionex
La desaceleración latinoamericana de 2026 expone una paradoja recurrente: la región consume tecnología de punta —IA, nube, fintech— pero no produce las condiciones institucionales que permitan que esa tecnología genere empleo de calidad. El estudio del BID sobre IA y salarios no es una profecía; es un escenario probable si los gobiernos continúan priorizando la adopción tecnológica sobre la formación laboral. La comparación con Asia es reveladora: mientras América Latina crece al 1,8%, India y el sudeste asiático mantienen ritmos del 5-6% impulsados no solo por manufactura, sino por educación técnica masiva y políticas industriales activas. Paraguay, el país menos tecnológicamente glamoroso de la región, demostró que la previsibilidad macroeconómica puede superar a la innovación sin ancla institucional. El desafío para 2027 no es adoptar más IA; es diseñar políticas públicas que hagan que la IA trabaje para la gente, no contra ella.
La región no necesita más pronósticos. Necesita decisiones.
Este artículo fue elaborado por el equipo de Curionex Editorial a partir de las fuentes citadas, utilizando herramientas de inteligencia artificial como apoyo en la investigación y la redacción. La verificación de datos y el enfoque editorial son responsabilidad de Curionex.
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