El Mercado de Carbono Azul: Colombia lanza la primera bolsa de créditos de carbono marina de Latinoamérica
El Banco de la República y el Ministerio de Ambiente dieron luz verde a una plataforma que comercializará toneladas de carbono capturado por manglares y praderas marinas. La iniciativa busca atraer inversión extranjera directa hacia la conservación costera, estimando movimientos superiores a 400 millones de dólares en su primera década.
En un acto celebrado en la Isla de Barú, frente a las costas de Cartagena, el presidente de Colombia anunció la creación de la Bolsa de Carbono Azul del Caribe, la primera plataforma regulada de comercio de créditos de carbono provenientes exclusivamente de ecosistemas marino-costeros en América Latina. El mercado, que operará bajo supervisión conjunta del Banco de la República y el Ministerio de Ambiente, certificará toneladas de dióxido de carbono capturadas por manglares, praderas marinas y arrecifes coralinos en las costas atlántica y pacífica del país.
"Los bosques terrestres han monopolizado la atención del mercado de carbono durante décadas, pero los ecosistemas marinos secuestran hasta cinco veces más carbono por hectárea que la selva amazónica", explicó la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, durante la presentación de la plataforma. La ciencia respalda su afirmación: los manglares, conocidos como "bosques azules", almacenan aproximadamente 1.000 toneladas de carbono por hectárea en sus sedimentos, un verdadero depósito geológico de gases de efecto invernadero que permanece sepultado durante siglos si el ecosistema no es perturbado.
El modelo de negocio es innovador. Comunidades pesqueras y afrodescendientes de las costas de Chocó, Córdoba y Sucre, históricamente excluidas de los mercados financieros formales, serán titulares directos de los créditos generados en sus territorios. Una cooperativa de pescadores de Cispatá, en el golfo de Morrosquillo, ya se convirtió en la primera vendedora autorizada, certificando 12.000 toneladas de carbono azul que fueron adquiridas por una empresa naviera europea comprometida con la neutralidad de emisiones para 2030.
No faltan los escepticismos. Organizaciones ambientalistas como la Fundación MarViva advirtieron sobre el riesgo de que la mercantilización de los manglares incentive una "carbono-washing", donde empresas contaminantes compensen sus emisiones comprando créditos sin reducir realmente su huella. El gobierno colombiano respondió estableciendo un comité de vigilancia independiente, integrado por científicos de la Universidad de los Andes y representantes de comunidades indígenas, que auditará cada crédito vendido.
La Bolsa de Carbono Azul se enmarca en una tendencia regional creciente. Ecuador ya estudia una plataforma similar para proteger los manglares de Muisne, mientras Panamá negocia acuerdos de canje de deuda por naturaleza con Alemania que incluirían mecanismos de carbono azul. Si las proyecciones del Banco Interamericano de Desarrollo se cumplen, el mercado latinoamericano de carbono costero podría movilizar más de 2.000 millones de dólares anuales para 2035, convirtiendo la conservación marina en uno de los sectores de inversión más atractivos del continente. En Barú, entre el rumor de las olas y el aleteo de las fragatas, Colombia acaba de demostrar que el dinero y la naturaleza pueden, por primera vez, nadar en la misma dirección.
Fuente original: Curionex AI ↗
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