En una ceremonia celebrada en el Monumental Callao, el Ministerio de Cultura del Perú emitió la resolución que eleva la tradición cajonera afroperuana a la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, reconocimiento que durante años reclamaron colectivos de artistas y académicos vinculados a las comunidades negras de la costa peruana. El cajón, esa caja de madera que hoy se asocia con la música criolla y la fusión latina, guarda en su interior siglos de historia silenciada y creatividad forzada.

"El cajón nació de la prohibición", recordó el maestro Caitro Soto, uno de los cajoneros más reconocidos de Lima, durante el acto oficial. Durante la época colonial, los esclavizados africanos en los virreinatos del Perú y Colombia fueron privados de sus tambores sagrados por las autoridades coloniales, que temían que la percusión sirviera como medio de comunicación para conspirar rebeliones. La solución fue desesperadamente ingeniosa: cajas de madera de pescado, cajones de transporte de mercancías y cajas de vela, convertidos en instrumentos musicales con un golpe directo sobre las tablas.

La resolución ministerial no solo protege la manufactura del instrumento —que en su versión clásica mide 48 por 30 por 30 centímetros y utiliza madera de cedro o nogal con una abertura circular en la parte posterior— sino también el repertorio interpretativo, las técnicas de golpeo y los contextos ceremoniales donde el cajón acompaña ritmos como el festejo, la landó y el alcatraz. Además, se compromete a financiar talleres de luthería en El Carmen, Chincha y Cañete, considerados los epicentros vivos de la tradición.

La declaración llega meses después de que la Unesco evaluara positivamente la candidatura peruana para incluir la práctica en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una decisión final que se conocerá en diciembre de 2026. Mientras tanto, el reconocimiento nacional ha disparado la demanda de cajones artesanales, con listas de espera de hasta seis meses para encargos en los talleres más prestigiosos de la costa sur.

Critics del mundo académico, como la antropóloga de la PUCP Gabriela Villanueva, advierten que la "folclorización turística" puede diluir el sentido político original del cajón. "No es solo un instrumento bonito para acompañar ceviche y pisco sour; es la voz de un pueblo que transformó su opresión en arte", señaló en un ensayo publicado días antes de la resolución. El ministerio respondió incorporando en el plan de salvaguarda un capítulo de educación histórica destinado a escuelas secundarias, buscando que las nuevas generaciones comprendan que detrás de cada golpe sobre la madera resuena, todavía hoy, el eco de una resistencia que se niega a callar.