En febrero de 2026, Colombia y Chile firmaron un Memorando de Entendimiento en ciencia, tecnología e innovación que podría redefinir el panorama tecnológico de América Latina. El acuerdo, suscrito por el Ministerio TIC de Colombia y el Ministerio de Ciencia de Chile, apunta a construir una red regional de supercomputación y desarrollar Latam-GPT, el primer gran modelo de lenguaje abierto entrenado con datos propios de la región. Este hito representa una respuesta consciente a la creciente dependencia de herramientas de inteligencia artificial desarrolladas en Estados Unidos y China, que a menudo ignoran las particularidades lingüísticas, culturales y sociales de Latinoamérica.

El proyecto de Latam-GPT se fundamenta en un corpus de más de 8 terabytes de datos y 230 mil millones de palabras, con una contribución destacada de Colombia que ha aportado más de 220.000 documentos oficiales y académicos. El objetivo no es solo replicar los modelos existentes, sino construir una infraestructura pública orientada a aplicaciones de interés social, académico y gubernamental que refleje la diversidad cultural y lingüística de la región, incluyendo lenguas indígenas históricamente excluidas de los grandes modelos de lenguaje.

El contexto de esta alianza no puede comprenderse sin observar los movimientos paralelos en el ecosistema tecnológico latinoamericano. Perú, por su parte, ha lanzado la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) 2026-2030, que busca transitar de un modelo de "Gobierno Digital" a uno de "Gobierno Inteligente". Brasil y México continúan liderando en términos de inversión y cantidad de startups, pero la alianza Colombia-Chile introduce un componente diferenciador: la apuesta explícita por la soberanía tecnológica y la construcción de infraestructura compartida.

Los datos disponibles confirman que la adopción de IA en Latinoamérica es masiva: el 99% de las startups regionales ya utilizan alguna forma de inteligencia artificial en sus operaciones, según reportes de 2026. Sin embargo, la brecha crítica no está en la adopción, sino en la capacidad de desarrollar tecnología propia. Freddy Vega, CEO de Platzi, ha señalado que la prioridad para la región no debe ser competir desarrollando modelos de lenguaje desde cero, sino integrar herramientas existentes en software nacional para resolver problemas históricos en salud, educación y justicia. La alianza Colombia-Chile parece seguir esta lógica pragmática, combinando infraestructura compartida con aplicaciones concretas.

¿Por qué importa?

Para los lectores latinoamericanos, esta alianza trasciende el ámbito tecnológico. En una región donde el multilateralismo se debilita y las desigualdades económicas persisten, la capacidad de generar conocimiento y tecnología propia se convierte en un imperativo de desarrollo. La inclusión de lenguas indígenas en modelos de lenguaje, la construcción de centros de excelencia en IA para el sector gubernamental y el intercambio de investigadores entre países son señales de una madurez que la región no había mostrado previamente en materia de tecnología estratégica.

Análisis Curionex

La alianza Colombia-Chile representa un punto de inflexión en la historia tecnológica de América Latina. Hasta hace pocos años, la región se contentaba con adoptar tecnología desarrollada en el hemisferio norte, adaptándola superficialmente a contextos locales. La construcción de una infraestructura de supercomputación compartida y un modelo de lenguaje propio demuestra una ambición sin precedentes. Sin embargo, el verdadero desafío no es técnico sino político: mantener la cooperación bilateral más allá de los ciclos electorales, asegurar financiamiento sostenido y evitar que estos proyectos se conviertan en promesas incumplidas como ha ocurrido con tantas iniciativas regionales anteriores. Curionex observa con cautela optimista: la tecnología existe, el talento existe, pero la región tiene una historia de subordinar la ciencia a los vaivenes políticos. La supervivencia de Latam-GPT dependerá más de la estabilidad institucional que de la capacidad computacional.

El futuro de la inteligencia artificial en América Latina no se escribirá en Silicon Valley ni en Shenzhen. Se está escribiendo, por primera vez, desde Santiago y Bogotá.