Durante trabajos de regeneración urbana en el cantón de Colta, provincia de Chimborazo, Ecuador, una retroexcavadora destapó algo inesperado: los vestigios de una ciudad entera. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) confirmó que las excavaciones habían revelado los restos de la antigua ciudad de Riobamba, el asentamiento colonial fundado en el siglo XVI que fue sepultado por el devastador terremoto del 4 de febrero de 1797, uno de los más catastróficos de la historia sudamericana.

El hallazgo, que tuvo lugar durante labores de soterramiento de cables y mejora de veredas realizadas por el Municipio de Colta, ha arrojado una luz inédita sobre la vida colonial en los Andes ecuatorianos. Los arqueólogos identificaron un empedrado correspondiente al patio de un convento de la comunidad jesuita, así como aproximadamente treinta metros de canales de piedra destinados a la distribución de agua en la antigua urbe. Estas estructuras demuestran un nivel de planificación urbana sofisticado que desafía la imagen estereotipada de asentamientos coloniales desorganizados.

Entre los objetos recuperados se encuentran utensilios de uso cotidiano que evocan con crudeza la vida de los habitantes: fogones coloniales de cerámica, vasijas, cucharas, cubiertos y tenedores de metal, así como fragmentos de cristalería importada desde Europa. Cada pieza ha sido trasladada a laboratorios especializados para su análisis, restauración y conservación, mientras el Municipio de Colta gestiona la custodia de estos bienes para su futura exhibición pública.

El contexto histórico del terremoto de 1797 es fundamental para comprender la magnitud del hallazgo. El sismo, estimado en una magnitud de 8.3 por sismólogos modernos, provocó el colapso del cerro Culca sobre la ciudad, sepultándola b toneladas de escombros. La destrucción fue tan total que los sobrevivientes abandonaron el sitio y fundaron una nueva Riobamba aproximadamente 20 kilómetros al norte, en el emplazamiento que ocupa hoy. Durante más de dos siglos, la ciudad original permaneció dormida bajo la tierra, preservando lo que los arqueólogos denominan una "cápsula del tiempo" de excepcional valor científico.

¿Por qué importa?

Para los ecuatorianos y para América Latina, este descubrimiento trasciende el ámbito arqueológico. El periodo colonial en los Andes ha sido históricamente menos estudiado que las culturas prehispánicas, creando un vacío de conocimiento sobre cómo vivían, se organizaban y resistían las poblaciones indígenas y mestizas bajo el dominio español. Los hallazgos de Riobamba permiten reconstruir con precisión un momento crucial: los años previos a la independencia, cuando las élites coloniales ya sentían temblar no solo la tierra bajo sus pies, sino también el orden político que habían impuesto.

Análisis Curionex

El descubrimiento de la Riobamba sepultada es un recordatorio poderoso de que América Latina construye sobre sus propias ruinas, a veces literalmente. Mientras la arqueología del continente ha privilegiado las pirámides, templos y ciudades precolombinas, el patrimonio colonial ha quedado relegado a un segundo plano intelectual y político. La ciudad enterrada de Riobamba desafía esa jerarquía: no es menos valiosa por ser "colonial", sino más reveladora por mostrar cómo se vivía, se comía, se rezaba y se distribuía el agua en una urbe andina de fines del siglo XVIII. Curionex destaca el papel crucial del INPC y la coordinación con el Municipio de Colta: este hallazgo no fue producto de una expedición arqueológica millonaria, sino de la observación atenta durante trabajos municipales ordinarios. La lección es que el patrimonio está bajo nuestros pies, esperando que sistemas de construcción, minería e infraestructura lo reconozcan antes de destruirlo. La pregunta que Riobamba plantea es: ¿cuántas otras "Riobambas" duermen bajo el asfalto de nuestras ciudades, esperando que una retroexcavadora o una mina las desentierran, para bien o para mal?

La antigua Riobamba no solo narra una tragedia sísmica de hace más de dos siglos. Narra la resistencia de una población que, ante la destrucción total, eligió reconstruirse en otro lugar, llevando consigo la memoria de lo que dejaron bajo la tierra. Hoy, esa memoria emerge.